CURIOSIDAD DEL MES: La Plaza de Abastos de Trujillo: de la Plazuela de los Descalzos a la histórica Plaza Mayor
15 de Mayo de 2026
Las fotografías que hoy recuperamos, procedentes del fondo del fotógrafo amateur Ramón Espada Otero y conservadas por el Centro de la Documentación y de la Imagen de Extremadura (CDIEX), nos trasladan a ese pasado reciente en el que la Plaza Mayor de Trujillo todavía mantenía el recuerdo de su histórica función mercantil.
Nacido en Trujillo en 1912, Espada Otero documentó con su cámara numerosos momentos de la vida local durante las décadas centrales del siglo XX, dejando un valioso testimonio gráfico de las transformaciones sociales de la ciudad.
El mercado de abastos ha sido durante siglos uno de los elementos esenciales de la vida cotidiana de Trujillo. Más allá de su función comercial, constituyó un espacio de encuentro social que reflejaba la evolución urbana, económica y patrimonial de la ciudad.
De la Plazuela de los Descalzos al nuevo centro comercial urbano
El origen del mercado de abastos se sitúa dentro del antiguo recinto amurallado, concretamente en la conocida Plazuela de los Descalzos, donde durante siglos se concentró el comercio diario. Allí acudían vecinos y mercaderes para abastecerse de productos básicos en un ambiente marcado por el bullicio cotidiano.
La posterior construcción de la parroquia de San Andrés transformó este espacio urbano y redujo la superficie destinada a la actividad comercial. Paralelamente, el crecimiento de nuevos arrabales fuera de las murallas impulsó el desplazamiento progresivo del mercado hacia zonas más amplias.
Ese traslado culminó con su instalación en la Plaza Mayor, que desde el siglo XVI comenzó a consolidarse como el verdadero corazón económico y social de Trujillo. En torno a ella se levantaron palacios renacentistas promovidos por familias enriquecidas tras la expansión americana, cuyos soportales acogieron durante generaciones la actividad mercantil.
La plaza pasó así a convertirse en el principal eje de intercambio económico, además de escenario de celebraciones, reuniones públicas y vida comunitaria. Las fotografías conservadas reflejan ese dinamismo cotidiano, aunque también permiten observar momentos excepcionales que alteraban temporalmente su actividad habitual. Las imágenes de la Plaza Mayor cubierta de nieve ofrecen una visión poco frecuente del antiguo mercado de abastos: un espacio normalmente lleno de vida que aparece momentáneamente en silencio. La nieve transforma la plaza y permite contemplar, desde otra perspectiva, el escenario donde durante siglos se desarrolló la actividad comercial trujillana.

Plaza Mayor de Trujillo nevada (Fondo Ramón Espada Otero)
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El final del mercado en la Plaza Mayor
Durante siglos, agricultores, ganaderos y comerciantes abastecieron a la población desde la Plaza Mayor. Sin embargo, el avance del siglo XX trajo consigo un profundo proceso de modernización urbana.
Entre las primeras décadas del siglo pasado, el mercado comenzó a abandonar progresivamente este enclave histórico debido a varios factores:
- la aplicación de nuevas normas sanitarias,
- la necesidad de ordenar el espacio urbano,
- el aumento del tráfico,
- y la creación de mercados municipales cubiertos más adecuados a las nuevas exigencias higiénicas.
El traslado definitivo se produjo en el primer tercio del siglo XX, marcando el paso de la plaza desde un espacio económico cotidiano hacia un entorno monumental y representativo.
1941: el IV Centenario de Pizarro y una plaza en transformación
La transformación urbana quedó especialmente visible en 1941, cuando Trujillo celebró el IV Centenario de la muerte del conquistador Francisco Pizarro (1541-1941), en plena posguerra española.
Los actos conmemorativos tuvieron un marcado carácter institucional y simbólico, incluyendo homenajes oficiales, celebraciones patrióticas y desfiles militares que utilizaron la Plaza Mayor como escenario principal.
Entre ellos destacó el desfile de la Marina, uno de los eventos más recordados de aquellas jornadas. El recorrido por las calles principales congregó a autoridades civiles y militares y dejó un importante legado fotográfico que pudo capturar Ramón con su cámara desde los balcones de la Plaza Mayor.

Desfile de la Marina en la Plaza Mayor de Trujillo durante el IV Centenario de Pizarro (Fondo Ramón Espada Otero)
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Las imágenes conservadas de aquel momento muestran una plaza en plena transición: ya concebida como espacio monumental y ceremonial, pero todavía vinculada a la memoria del antiguo mercado que durante siglos había definido la vida diaria trujillana.
De espacio comercial a símbolo patrimonial
El IV Centenario de 1941 simboliza, en cierto modo, el cierre de una etapa histórica. La Plaza Mayor dejó definitivamente atrás su función como mercado de abastos para consolidarse como imagen monumental de la ciudad.
Así, el traslado del mercado no solo respondió a necesidades urbanísticas, sino que reflejó un cambio profundo en la forma de vivir y organizar el espacio urbano en Trujillo.
La desaparición progresiva del mercado de abastos de la Plaza Mayor no supuso un abandono inmediato del espacio como centro de la vida colectiva trujillana. Durante las primeras décadas del siglo XX, la plaza continuó siendo escenario de múltiples usos que convivían entre sí: comercio, celebraciones institucionales y festejos populares. Así, mientras el mercado iniciaba su traslado definitivo dentro del proceso de modernización urbana, la ciudad celebraba el IV Centenario de la muerte de Francisco Pizarro, consolidaron la imagen monumental del enclave. Paralelamente, las tradicionales capeas seguían ocupando la Plaza Mayor de Trujillo, mostrando una singular convivencia entre la solemnidad institucional y la cultura festiva popular, con el antiguo mercado aún presente en la memoria visual y cotidiana de la ciudad.
Las capeas en la Plaza Mayor con el mercado de abastos como telón de fondo
Durante buena parte del siglo XX, la Plaza Mayor de Trujillo fue un espacio multifuncional donde convivían la actividad comercial diaria y las celebraciones populares. Entre ellas destacaron las tradicionales capeas, festejos taurinos profundamente arraigados en la cultura festiva extremeña.
La plaza se transformaba temporalmente mediante vallados y tablados de madera instalados por vecinos y peñas, creando un coso taurino improvisado en pleno corazón monumental de la ciudad. Estas celebraciones reunían a numerosos trujillanos y visitantes, convirtiéndose en uno de los momentos más esperados del calendario festivo.

Capeas celebradas en la Plaza Mayor de Trujillo (Fondo Ramón Espada Otero)
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Un elemento singular de aquellas capeas era la presencia del mercado de abastos, todavía instalado en la Plaza Mayor, que aparecía frecuentemente como fondo arquitectónico y cotidiano de las imágenes conservadas. La convivencia entre comercio, vida social y fiesta refleja el carácter tradicional de la plaza como centro económico y social de Trujillo.
Las fotografías conservadas, como las recogidas en la colección estudiada en la noticia Curiosidad del mes: las capeas de Trujillo en la colección Matilde Muro publicada en el apartado “De interés” en la web del CDIEX, muestran precisamente esa superposición de usos: puestos del mercado, arquitectura histórica y celebraciones taurinas compartiendo un mismo espacio urbano.
La evolución del mercado de abastos, las celebraciones del IV Centenario de Pizarro y las tradicionales capeas reflejan cómo la Plaza Mayor de Trujillo ha sido mucho más que un escenario monumental. Durante décadas fue el verdadero corazón de la vida trujillana, un espacio donde comercio, fiesta y memoria colectiva convivieron dando forma a la identidad de la ciudad. Las fotografías históricas conservadas en el CDIEX permiten hoy recuperar la Plaza Mayor como el gran centro de la vida cotidiana trujillana, recordando su pasado lleno de puestos, vecinos y comerciantes y ayudando a comprender la transformación de un espacio que hoy sigue siendo punto de encuentro y símbolo patrimonial de la ciudad.
Descubre aquí todas las imágenes de la Plaza de Abastos de Trujillo en el Fondo de Ramón Espada.